
Saborear un mate es absorber de a poco
la dulce nostalgia de la tierra amada,
saborear un dulce y tambien un amargo
es volver a soñar con una guitarra
entonando milongas y zambas argentinas
de Don Atahualpa, de Jorge Cafrune,
de los Chalchaleros, de Hernán Figueroa y del Chango Nieto
Saborear un mate es beber de a sorbos
aquellos pocos años que dejé en la Patria,
entre los quejidos de algun bandoneón
sangrando nostalgias, despedidas y lágrimas.
Saborear un mate es hilvanar recuerdos cuando era mocosa,
en el grato Luján, el Río, la Basílica,
la Plaza Belgrano, la calle San Martín y la Plaza Colón,
los viejos boliches, las confiterías, el Aguila, el Munich
(después Bricking Point)
la Av. Humberto, la Av. España
la Dr. Muñiz y la Escuela Normal
Los mates dulcitos los cebaba abuela
con los vigilantes, las tortitas negras y las medialunas
y los amarguitos eran de mi tía
que me los servía temprano con los bizcochitos
Hoy en el destierro me los tomo dulces
para endulzar los recuerdos de esos viejos tiempos
con la compañía de un pucho para no estar tan sola,
oyendo valsecitos, tangos y milongas,
Canaro, D'Arienzo, Pichuco, Fresedo
y la voz del Zorzal desafiando al tiempo.
La yerba tambien trae el olor de mi viejo pueblo,
mi casa en Juan B. Justo la estoy viendo muy clara,
con los dos aromos y la vieja acacia,
el portón de madera y el jardín con las plantas,
el jazmín de la reja que perfumaba la estancia
¡y la madreselva que mamá adoraba!
¡Vieja casa de mi infancia como te he extrañado!
Parece mentira como el sabor de un mate
nos traiga a la memoria tantas añoranzas
Perdonen amigos estos pocos versos
pobres y sencillos pero muy sentidos,
que con humildad y un mate les brinda
¡esta matera vieja y fiel argentina!
María José
la dulce nostalgia de la tierra amada,
saborear un dulce y tambien un amargo
es volver a soñar con una guitarra
entonando milongas y zambas argentinas
de Don Atahualpa, de Jorge Cafrune,
de los Chalchaleros, de Hernán Figueroa y del Chango Nieto
Saborear un mate es beber de a sorbos
aquellos pocos años que dejé en la Patria,
entre los quejidos de algun bandoneón
sangrando nostalgias, despedidas y lágrimas.
Saborear un mate es hilvanar recuerdos cuando era mocosa,
en el grato Luján, el Río, la Basílica,
la Plaza Belgrano, la calle San Martín y la Plaza Colón,
los viejos boliches, las confiterías, el Aguila, el Munich
(después Bricking Point)
la Av. Humberto, la Av. España
la Dr. Muñiz y la Escuela Normal
Los mates dulcitos los cebaba abuela
con los vigilantes, las tortitas negras y las medialunas
y los amarguitos eran de mi tía
que me los servía temprano con los bizcochitos
Hoy en el destierro me los tomo dulces
para endulzar los recuerdos de esos viejos tiempos
con la compañía de un pucho para no estar tan sola,
oyendo valsecitos, tangos y milongas,
Canaro, D'Arienzo, Pichuco, Fresedo
y la voz del Zorzal desafiando al tiempo.
La yerba tambien trae el olor de mi viejo pueblo,
mi casa en Juan B. Justo la estoy viendo muy clara,
con los dos aromos y la vieja acacia,
el portón de madera y el jardín con las plantas,
el jazmín de la reja que perfumaba la estancia
¡y la madreselva que mamá adoraba!
¡Vieja casa de mi infancia como te he extrañado!
Parece mentira como el sabor de un mate
nos traiga a la memoria tantas añoranzas
Perdonen amigos estos pocos versos
pobres y sencillos pero muy sentidos,
que con humildad y un mate les brinda
¡esta matera vieja y fiel argentina!
María José
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